Los cargos van con las cargas.

Conflictos sobre críticas, revelaciones y libertad de expresión en política.

Ya lo dijo el Tribunal Supremo en su Sentencia de 7 de diciembre de 1990 “sería deseable que el lenguaje de los políticos fuera más moderado en sus expresiones para no fomentar las tensiones inevitables en el campo en que se desenvuelven, como ya ha tenido ocasión de señalar esta Sala, pero en verdad no ocurre así “,

En el mismo sentido se pronunció su Sentencia de 26 de septiembre de 1995:

«quienes se dedican a profesiones o actividades con una inherente notoriedad pública, han de aceptar como contrapartida las opiniones aún adversas, así como las   revelaciones de circunstancias de su profesión e incluso personales”. Añadiendo: que esto es predicable con toda su intensidad en el caso de quienes ocupan cargos públicos, cualquiera que fuere la institución a la cual sirvan, como consecuencia de  la  función que cumplen las libertades de expresión y de información en  un sistema democrático, debiendo sus titulares soportar las críticas o revelaciones, aunque duelan, choquen o inquieten».

Paralelamente, la Doctrina Jurisprudencial del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, tiene establecido que los límites de la crítica permitida son más amplios en relación a un político considerado como tal, pues el mismo se expone inevitable y deliberadamente a una fiscalización atenta de sus actos y gestos, tanto por los periodistas, como por la multitud de ciudadanos y por ello tiene que mostrarse más tolerante. Ciertamente, el art. 10.2 permite proteger la fama ajena, es decir, la de todos, y si bien el político disfruta también de esta protección, incluso cuando no actúa en el marco de su vida privada, en este caso, las exigencias de dicha protección, deben equilibrarse con los intereses de la libre discusión de las cuestiones políticas.  (Caso Lingens, fundamento 42, in fine).

Estos tres párrafos son algunos de los argumentos utilizados por la Sección N2ª de la Audiencia Provincial de Oviedo en su Auto 25/2015 para decretar el sobreseimiento libre y archivo de mi imputación en un delito de calumnias e injurias con publicidad, contra el entonces concejal de Urbanismo, Enrique Bueno.

Reclamar la abstención del concejal de Urbanismo por el hecho de haber procedido a la modificación del plan urbanístico, aprobado inicialmente  en julio de 2010, siendo el citado concejal titular  de una finca inmersa  dentro  de la Unidad  Urbanística  afectada,  conocida como Quintanas de Chacón y  por  haber participado en la votación del nuevo Plan, que conllevó una modificación de la superficie edificable, así como de las obligaciones de urbanizar y ceder espacios  públicos,  teniendo  en  la  nueva  catalogación  la propiedad de la que era cotitular un valor superior, me llevó a cambiar mi posición de letrada a imputada.  Experiencia en modo alguno nada placentera.

Concluía aquel Auto con lo siguiente: “por cuanto no se puede establecer un límite de permisibilidad tan bajo a la crítica política o social que implique el no poder  realizar  manifestaciones  acerca  de  la  opinión  que merecen las actuaciones llevadas a cabo por personas que ostentan cargos públicos, electos o funcionarios, pues no toda utilización de un lenguaje «innecesario» con improperios en la crítica de actuaciones públicas es suficiente para entender sobrepasados los límites de la censura o reprobación política y entender que se ha caído en el insulto o la descalificación hasta llegar a la injuria o la calumnia”

Seis años después, seis, estoy citada para declarar como testigo en el procedimiento que se sigue en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial , y donde se sentará el Secretario municipal y el citado Concejal de Urbanismo y respecto a los que el Ministerio Fiscal solicita pena de prisión, en el caso del Sr Bueno, el concejal de urbanismo la petición se eleva a  3 años y seis meses de cárcel por delitos de cohecho y negociaciones prohibidas, en su actuación en el Plan General de Ordenación Urbana que salió adelante por el acuerdo entre PSOE-IU, siendo el voto del concejal decisivo en su aprobación.

Mi opinión se refería por supuesto, a la esfera pública y política del citado concejal y dentro de lo que puede entenderse crítica política, ahora no quiero repetir aquella cita de Jean Jacques Rousseau: “La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”, porque en modo alguno me alegro de la situación en la que se encuentran el Sr Chaves o el Sr Bueno, pero si demuestran que mi crítica no estaba vacía de contenido y en modo alguno justificó aquella denuncia contra mi persona.

El alto Tribunal en sentencia de 17/11/1995 determinaba los requisitos necesarios para poder hablar del delito de calumnia y entre ellos resalto uno: “falsedad de la imputación, en términos tales que la misma se efectúe con manifiesto desprecio de toda confrontación con la realidad, o a sabiendas de su inexactitud”, sin duda ese no fue mi caso.  

Comparto sin duda aquel mandato del Tribunal Supremo en su sentencia del año 1990 de que sería deseable que el lenguaje de los políticos fuese más moderado, pero me temo que éstos no le han hecho mucho caso, la radicalización sin duda ha ido en aumento.

Como siempre he dicho el control genera autocontrol, y fiscalizar la actuación del gobierno es obligación de cualquier oposición que se precie. La firmeza en el contenido, la férrea defensa de una posición no necesita de un lenguaje que lleve al desencuentro, que lleve a la confrontación, tampoco sirven esos discursos retóricos “políticamente correctos”, en los que parece que se dice mucho, pero, muy al contrario, nada dicen o aportan.

 Con el aumento del populismo, esa falta de moderación de los políticos se traslada a los electores y quiero recordar el espíritu de aquella frase que tantas veces todos hemos escuchado de que cuando el agua está hirviendo no vale de nada apagar el fuego.

 No es conveniente que se midan a los políticos por la ferocidad de sus palabras contra el adversario político, cuanto “más duro “mejor, como si la moderación o la paciencia fuese sinónimo de ausencia de propuestas o de contenido, sinceramente todo lo contrario.  Ya sabemos que la paciencia y la moderación en política escasea, se necesitan respuestas rápidas, y la ciudadanía queremos que se cumplan todas nuestras demandas, pero éstas sin duda no se logran de esta forma.

Si la política es reflejo de la sociedad mal vamos. Muchos de los titulares que nos dan nuestros políticos sin duda ofrecen a reflexionar, y no mencionaré ninguno para no entrar en polémica, pero sin duda, decir la verdad, en democracia, sí importa.

Artículo publicado en La Nueva España el 27/09/2021
Se puede ver aquí: https://www.lne.es/aviles/opinion/2021/09/27/cargos-cargas-57718283.html